—Todo irá inserto —dijo don Quijote—; y sería bueno, ya que no hay papel, que la escribiésemos, como hacían los antiguos, en hojas de árboles o en unas tablitas de cera, aunque tan dificultoso será hallarse eso ahora como el papel. Mas ya me ha venido a la memoria dónde será bien, y aun más que bien, escribilla, que es en el librillo de memoria que fue de Cardenio, y tú tendrás cuidado de hacerla trasladar en papel, de buena letra, en el primer lugar que hallares donde haya maestro de escuela de muchachos, o, si no, cualquiera sacristán te la trasladará; y no se la des a trasladar a ningún escribano, que hacen letra procesada, que no la entenderá Satanás.»
Don Quijote, capítulo XXV
¡Cuánta razón! ¡Y luego la fama se la llevan los médicos! Si bien no estoy del todo de acuerdo con Cervantes (¡qué osadía la mía!…) ya que no es inusual encontrarse ante sacristanes que escriben de aquella manera sus registros parroquiales, aunque me pongo mil veces a los pies del Quijote ante la aseveración que realiza sobre la letra procesada: no la entenderá Satanás (salvo que supere un curso de Paleografía…).
El pánico del genealogista incipiente o, en general, todo aquel que se acerca por primera vez a las fuentes primarias. Tengo el documento en mis manos, pero ¡Oh, dios! ¿Qué pone aquí? No, no es «castejano antiguo», no es latín, pero… ¿por qué no lo entiendo? Amigo, es muy posible que te encuentres ante la ESCRITURA PROCESAL, un capricho de los escribanos de los siglos XVI y XVII…
Para algunos, «arte», pero no, no nos engañemos, no es bonita. La letra procesal es el MAL y si se trata de procesal encadenada es el MAL, MAL. De hecho, la letra procesal es entendida como una degeneración de la letra cortesana, y sí, podría ser simple resultado de la rapidez necesaria en la redacción de un documento, pero es mucho más. Este tipo de letra le viene muy bien al escribano, ya que al dificultarse la lectura precisa ahora de auténticos expertos para su interpretación, y además al ser una letra de mayor tamaño permite cobrar más al cliente al precisar el documento un mayor número de hojas. Negocio redondo.
(…) Desde Quevedo acá, se ha tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales y, por añadidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de nariz y de uñas, sucios y mal educados.
La desheredada, B. Pérez Galdós
Muy taimados los escribanos, muy taimados…
La procesal o procesada es letra muy curva con las palabras separadas de aquella manera y con abundantes enlaces. Si además la letra pasa a ser un juego de trazos cóncavos y convexos sin solución de continuidad, es decir, una procesal encadenada, amiguito, te ha tocado la lotería. Las tres «P»: Paleografía, Paciencia y Pa’rato. Es lo que hay…
Valgan unos cuantos ejemplos de esta «artística» escritura procesal…


En este protocolo notarial de 1648 nos encontramos ante dos tipos de escritura, y sí, la entradilla es purita procesal encadenada:

Un último ejemplo… Maravilla, maravilla, maravilla…

No quiero dejar de decir que la caligrafía era, y es, un arte muy bien conocido. Si el escribano o escribana (que parece que en muchas escribanías podían ser mujeres de la familia las que se dedicaban a estos menesteres de recámara) se decidió por este tipo de letra fue por unas motivaciones muy concretas.
Aquí, un ejemplo de lo que vendrían a ser los Cuadernos Rubio de la época 😉 Esto sí es bonito…

Lámina 6, de la «Nueva Arte de Escrivir» 1616 de Pedro Díaz Morante (1)
(1) http://bibliotypes.blogspot.com/2013/09/familia-diaz-morante-el-virtuosismo.html